jueves, 29 de enero de 2009

ESTO CONTINUARA

POR J.A.GONZALEZ(PINK)
PLÁTICAS DESPRIVATIZADAS ENTRE DON TANCREDO “EL AUTÓCRATA” Y PANCRACIO “EL EMPÍRICO”
(Opúsculo políticamente incorrecto en tres actos)

ACTO I
(Introducción)

Del perverso uso que hacen los políticos de la democracia para alcanzar sus impíos intereses:


La siguiente conversación, entre dos individuos distintos entre sí, pudo haber tenido lugar hace ya mucho tiempo, en un sitio desconocido, apartado, casi escondido. La historia dice que la democracia inventada por un griego llamado Clístenes de Atenas y continuada por Pericles (también griego y maestro en el arte de la oratoria) por todo el imperio ateniense muchos siglos atrás, fue exportada a todos los rincones del planeta, en unos con más fortuna que en otros. Aquí, en Villadiego, floreció como florecen las adormideras en cautiverio: controladas, asperjadas, y, finalmente, ex cátedra, desbrozadas por unas manos cuya habilidad protagonizarían el escamoteo en cuestión. Aquí, en este desolado y entristecido villorrio vivía gente que sólo tenía por costumbre mirarse el ombligo, además, y, como es costumbre de gentes zafias, mirar la paja en el ojo ajeno, salvaguardando la viga en el propio. Esta democracia tenía valor en los papeles que dictaban los primeros legisladores y en lo que esa misma “palabra trampa” guardaba en su etimología. Los “vivos circunstanciales” jugaban con esta novedosa forma de gobernar en la que mucha gente creyó porque así se lo dijeron unos desconocidos que subterráneamente empezaban a frotarse las manos. Pobres diablos. Las huestes más populares, ilusionadas, cayeron en una invisible red, donde permanecieron inmóviles, adocenados, aprisionados, aplastados, pero conservados en un capullo para más tarde usarlos como alimento propio, como sustancia vital de un puñado de tegenarias convertidas en finos profetas de la dialéctica y en hampones de lo ajeno. El caso es que se la adoraba por su significancia, y así, con tan trascendentales argumentos, cayeron seducidos, rindiendo pleitesía a un goloso dulce que con el paso del tiempo volvióse amargo por su composición adulterada, gracias sobre todo, al pasteleo de aquellos confiteros que manipulaban la Masa con grácil y habilosa dieta rica en narcosis. Nadie podía sustraerse al encanto de la nueva forma de gobierno, todo el mundo en sí era súbdito de esta moda que lo inundaba todo. Sabemos, por práctica, que las modas son pasajeras, algunas; otras, son tan sutiles, tan sublimes y tan increíbles que son modas “lapa” se instalan con tanta maña que resulta un imposible desprenderse de ella. El gobierno estaba regido por el P.I.O. (Partido Inmovilista Obsoleto). Haciendo honor a la obsolescencia de sus siglas y a su pasado, el líder, de personalidad dual, y de claras inclinaciones autocráticas, aunque en apariencia, solo en apariencia desfilase como demócrata en la pasarela de las mejores tragicomedias plebiscitarias, pasaba, sin darse cuenta, o, a conciencia, a saber, por ser el adalid de la torpeza y la desidia más absoluta de una causa involutiva y perdida que acabaría por arrastrar al pueblo, a él mismo y a su partido a una gris y crepuscular monotonía que acabaría cincelando el carácter de sus gentes; amojonado, abotargado e indiferente.

Según cuenta la historiografía tradicional llegaron como llegaron… con una mano delante y otra detrás… Y hete aquí que triunfaron con picardía, tacto y sigilo. Mas, con el transcurrir de los lustros, descubriéronse los embustes y engaños de esa democracia hecha a su medida que tan hábilmente habían trazado para desgracia de la aldea. Antes, descubrieron el sutil arte de anular el escaso pensamiento crítico, llevando a la práctica la vieja pero efectista manera de proveer al pueblo de “pan y circo”, palabras salidas por boca del poeta romano Juvenal en el siglo I y llevada a la práctica por algunos emperadores romanos con bastante éxito entre el vulgo. De esta manera tan patética de manipular y “entretener” a la gente de pueblo, bastóse con “regalarle” para virtud del esófago de la canalla, viandas y bebidas espirituosas varias, no en loor de ninguna fiesta pagana a la figura del dios Baco, sino para gloria y beato celo que estos individuos profesaban al peculio. Luego estaba el circo. El vulgo, bribón y necio, entre vítores de alegría, a la vez, aceptaba de buen grado este paternalismo lenitivo como caído del cielo. Se llevaron a cabo espectáculos, fiestas, “homenajes al amiguismo” y mucho jolgorio, sobre todo jolgorio, que es lo que más ama el plebeyo de nula condición reflexiva y cegado por tener telarañas en los ojos. En consecuencia, era distraído conscientemente de la política que ocurría de puertas para adentro del consistorio. Con todos los fundamentos bien encofrados y construida la casa sobre los cimientos de la mentira y de la catetez más absoluta rezumante de los incautos pueblerinos, allanaron el camino para el extraordinario plan que habían urdido para sacar tajada del asunto. Se alzaron como el Mesías de la modernidad, el progreso y la felicidad y casi lo consiguieron. Buscando la alianza de las gentes soñolientas y sumidas en el silencio más expectante, siendo esta la cualidad más bochornosa de todo un pueblo; haber sido “cómplice indirecto” de las magras y apetitosas carnes rollizas que de las entrañas de la dócil paloma se extraían sin ningún tipo de reparo y vergüenza por aves de grandes dimensiones de extraña y ¿plumífera? semejanza con un buitre que ¡¡caminaba erguido sobre dos patas!! De esta guisa, los bípedos implumes de cabeza y cuello pelados, saciados y oportunistas, levantando vuelo, huyeron espantados por multitud de manos que se alzaron contra los yerros que su sistema político había generado. La corrupción, el oscurantismo y la falta de credibilidad acabó por desenmascararlos y pagaron cara su osadía en tiempo de sufragio. Salieron tocados, eso sí, pero con los bolsillos llenos. Mucho tiempo después, y como si de una broma comicial se tratase o el destino maliciosamente influyera en los designios paternalistas y proteccionistas que nuevamente deseaban, volvieron a entronarlos por tiempo indefinido. Eran otras caras, pero idéntica e inquietante ideología. El tiempo subvertido se había congelado, no eran los mismos cuerpos físicos, aunque sí, metafísicamente el pensamiento en el plano generacional. Los neo-retro, sin darse cuenta o a conciencia, a saber, de que el tiempo metafísico podía suplantar al físico o real, pensaron que todo el mundo volvería a enterrar la testa en la arena siendo esta una cualidad muy frecuente entre aquellos de mentalidad jibarizada e impulsos embrutecidos por la envidia, la codicia y el yo egotista. El engaño volvió con el virus de lo “bueno”, “lo justo” y lo “políticamente correcto” para linchar todo discurso que se saliese de la Línea Dominante Oficial. Este histrión político haciendo gala de ese “buenísimo de santurrón” y esa “santidad seudo-católica” de la no menos “locuaz glosolalia” que tantos éxitos les procurara en tiempo pretérito, endulzaron la acritud del paisaje y engalanaron con sus mejores medios artificiosos la vida pública y social de la aldea.

ACTO II

De la obligación de todo gobernante de darle a cada cual aquello a lo que tiene derecho.

Don Tancredo “el autócrata”

Muy urgente debe ser vuestra solicitud, pues con diligencia me convocáis, señor villano. Tened en cuenta, que otras cosas, por su carácter mediático, urgen más que vuestra petición, más trivial, si cabe, que otras cuestiones en las que se requiere mi honorable disposición a liquidarlas. Señor don Pancracio…

Pancracio “el empírico”

Por favor, dejaos de melindres y llamadme por mi nombre… Sabed, señor regidor, que mi presencia y mis requerimientos ante vos tienen la misma importancia que cualquier otra que quiera tomarse en cuenta con seriedad por parte de quien tiene el deber de ajustarse a la realidad del tiempo en que vivimos. A no ser que su señoría prefiera concienzudamente relegar una vez más al olvido mis quejas que tan injustamente han sido desconsideradas con el silencio más evidente, pues ya es conocida su actitud de no tocar aquello que pueda afectar a los intereses pecuniarios de sus amigos, los usurpadores. La canalla, se sirve de sus regias prebendas para que al margen de la ley se enriquezcan a mi costa. Vuestro gobierno estuvo caracterizado en un pasado por el amiguismo, benefactor de tantos y tantos bribones, los de las regalías, la palmadita en la espalda y el empalago adulador de vuestra persona e inteligencia. La Guardia, La Antigua, lo puso en práctica. Ahora, años después vuelve el viejo lema del P.I.O.: “Dejemos estar, aunque mal, que retocar para progresar”.

Don Tancredo el autócrata

¡Cómo osáis, insignificante insecto…! ¡Os presentáis deliberadamente, en esta casa, soberana, del pueblo, para increparme, insultarme y acusarme de semejantes infamias…!

Pancracio El empírico

Nunca pensé que hablar con propiedad levantaría vuestra susceptibilidad. La verdad, sea dicha de paso, ofende, señor regidor. Mi pretensión no es heríos, aunque debo ser sincero y deciros que sólo quiero molestaros. Lo políticamente correcto en vos es una especie de demagogia virtuosa a la “anormalidad” de este pueblo. Señor regidor, os aprovecháis del silencio comprometedor, del temor de la gente a sacar el cuello y decir lo que piensa. Esta es su democracia, con la que usted siempre soñó; la del dedo admonitorio, la de la comodidad, la del desafecto por sus adversarios, sean políticos o meros trabajadores como yo, y la del enmascaramiento. Decís tener una personalidad abierta y dialogante, pero no hace falta ser psiquiatra para darse cuenta de que portáis un Mr. Hyde dentro de esa apariencia reposada y mundana. La soberbia es lo que más os delata en vuestras oratorias públicas y privadas cuando alguien os lleva la contraria. Debo recordaros, que la vanidad es la soberbia del ingenuo y que la soberbia es incompatible con la inteligencia. Por eso, señoría, no estáis hecho para ser político. Su ascendencia le reclama en otros menesteres. No dejáis de ser un pobre trabajador como yo, ocupando un sillón que le pertenece por que así lo ha querido una grey inconsciente y precipitadamente indulgente llamada Pueblo, pero no por vuestras dotes, cualidades y desenvoltura. Esto no está hecho para su señoría. Está por lo que vos y yo sabemos: por ansia de dinero y por hambre de gloria.

El autócrata

Si estuviésemos en otra época os mandaría tragar vuestras hirientes palabras. Os pudriríais en las mazmorras de este consistorio. Lo que decís es grave, aunque reconozco que me he podido equivocar puesto que soy humano y yerro como el que más.

El empírico

Nada tengo que objetar a esa última frase, como individuo, cualquiera es susceptible de equivocarse. Pero también le digo que hay intereses torcidos en algunas acciones, que con premeditación, quieren hacerse pasar por equivocaciones, así el daño hecho, queda consumado y el dañador libre de toda carga de conciencia, pues tiene asumido que equivocarse, en política, con disimulo, es una necesidad, no un derecho. El aspecto menos humano del político se disfraza de lo que quiere aparentar ser. Por ejemplo, de LOBO. Si yo fuera un pobre diablo de los que abundan ahí fuera me habríais convencido. Pero el estudio de ciertas personalidades a través de los años en calidad de observador, me ha hecho más abierto a la oscura naturaleza humana. El poder incluso más flexible, aquel que presume de civilidad, corrompe con la táctica de la mesura y la delicadeza. El verdadero peligro en vuestro caso es la moderación. La democracia es el ejemplo. No deja de ser una tela fina, sencilla, hilvanada por manos expertas, pero parcheada con tácticas rudimentarias que acaban dañándola. Ese mismo hilván se usa para atar las posibles hebras sueltas que puedan quedar, y así, todo atado y ligado, aunque adolecido de toscos remiendos, se vende algo que pasa por bueno, moderno y fiable. Con la democracia el instinto natural se suaviza, las maneras se dulcifican y la cabeza es llenada de cuentos asombrosos y de pájaros fabulosos. Los poderosos van soltando cuerda democrática en cantidades ínfimas. Que si libertad, que si derechos, que si justicia… Pura filosofía para mentecatos.

El autócrata

Por vuestras palabras parecería que odiáis la democracia, ¿acaso sois simpatizante de prácticas totalitarias, de tener al pueblo aplastado por un puño de hierro?

El empírico

La vida me ha instruido a través de los cinco sentidos, empíricamente, cualidad con la que me ha dotado la naturaleza. Por nuestros ancestros, sabemos que la dictadura debe de ser algo horrible y detestable, aunque no la he vivido, la misma palabra lo dice, castra la libertad de pensamiento de las personas por medio de la intolerancia, la persecución y el aniquilamiento. En cambio, la democracia con la que hemos crecido, no deja de ser una “dictadura más esmerada, más refinada, más astutamente elaborada”. Juega con otras armas más sutiles para calar entre la ciudadanía. El motor de la democracia arranca en el pueblo, al menos eso recoge simbólicamente un libro metódico e institucional que la mayoría ignora, dicho sea de paso. El poder dimana del pueblo… Semejante necedad sólo es posible gracias a otros más necios que creen a pie juntillas todo lo que se les dice. Digamos que es más aceptable desde el punto de vista sociológico, pues te da vidilla en ciertos campos, limitados, eso sí; la libertad plena es una entelequia, es mentira, no existe, al final nadie es libre totalmente, estamos encadenados a nuestro propio existir de esclavo. Somos rehenes de vuestra democracia (el que quiera entender que entienda). Yo mismo soy esclavo de vos y vos de los otros vos. He de reconocer que participo de este sistema porque, aunque me sienta engañado continuamente, reconozco que es el más soportable en algunos aspectos. El círculo no se romperá mientras dure la mentira. Yo voté durante un tiempo a vuestro inmovilismo y a vuestra inmovilidad, de eso hace ya mucho tiempo. Ahora pago el pato por haber votado a otros que me engañaron igual que vos me intentáis engañar ahora. Vuestra democracia consiste en marginar, arrinconar y zaherir con esa palabrería que ha aprendido de sus maestros “los impostores”. La “dictadura en democracia” no es tan incompatible como se cree. La primera, dada su etimología de implacable, impone subrepticiamente en pequeñas dosis golpes de efecto de martillo pilón a la democracia. Así, golpe a golpe…; golpear y respirar…, golpear y respirar…, de manera apenas perceptible por la sordera comunal, pero contundente… ¿Qué puede hacer un Despierto ante tanto Durmiente que le rodea?... Tensar el arco y disparar con flechas cuyas puntas estén untadas de cafeína. La Masa, por historia, sea democracia o dictadura, debe estar vigilada, hay que tenerla controlada con ojo ciclópeo, aglutinada por el perro que aglutina el rebaño. El poderoso, el hombre de estado, toma el papel de paternalista por un lado y de protector por otro. Yo te colmo de “derechos”, pero por otra parte me debes lealtad de por vida; yo te llevo de la mano en todo, pero debes servirme de taburete para alzarme, no para alcanzar a dios, si no para vivir como dios. Tu decisión me pertenece, tu voto me pertenece, ¡tu vida entera me pertenece! Eres esclavo de la falsa modestia. Los que una vez quisieron erigirse como émulos de Dios en la tierra. “La secta del buen talante” dirigió a los incautos, a los pobres de espíritu, a los sonámbulos… Ahora las armas están en las palabras decoradas de cierta santidad, en los gestos dúctiles, en las formas moderadas, mesuradas… Es bien acogido entre el vulgo.

El autócrata

¡Me dejáis de una pieza…! Yo pensé que pensabais como los demás, como yo, incluso. Presiento que estáis desilusionado, desengañado… ¿Qué os ha pasado para proceder de esta manera? Es evidente que vuestras palabras rezuman desconfianza o rencor hacia el sistema. Si es así como decís, ¿por qué aparentáis que estáis integrados en el sistema? Si decís no creer ni en la dictadura, ni en la democracia… Ya sé, vos sois acaso anarquista, libertario, anarco-individualista… En realidad estoy desconcertado, ¿qué sois? ¿Quién sois en realidad?

El empírico

Pienso como pienso, luego, actúo en consecuencia. Unas veces con objetividad, otras con subjetividad. Pero siempre alerta sobre la fauna política que me perjudica… Incluso en mi propia casa, en mi propio trabajo, en beneficio de unos pocos que os son más leales en el arte de pisotear al que va por derecho. Mientras, vuestros alguaciles con su impecable uniforme, se engalanan de uniformidad total, rehuyen los problemas quitándose de en medio, les allanan el camino a esta especie de mercenarios para que mermen con su insolencia mi dignidad como trabajador. En mi propia puerta soy saqueado, me roban el trigo, se quedan con mi huerto, se hacen dueños de mis animales. ¿Dónde está la ley en este mísero villorrio? El cargo de regidor ad hoz es la representación bufa y decadente de un resucitado que el caduco pasado ha vomitado, la irresponsabilidad dañosa sobre aquellos que respetamos la Línea Dominante Oficial, aunque, evidentemente, no nos guste la actual… Pero a mí no se me va…, esto viene de lejos, tras el paréntesis político, vuelven las purgas de los críticos. (¿vendetta?) Estoy pagando el precio por quien me precedió en mi ascendencia y que una vez fue engullido por la mentira de un sistema político cruel, despótico y bastante oscuro a la hora de manejar el erario público. Esta criatura sí que se desengañó, pues el infeliz se ilusionó con la política hasta que se lo comieron con patatas, se retiró a tiempo, pero secuelas padeció. ¿Desilusionado? ¿Desengañado? ¿Cómo puede ilusionar algo en lo que no se cree? ¿De qué manera se puede convencer a alguien si el que tiene que hacerlo debe de convencerse primero a sí mismo de si lo que va decir es lo que realmente siente? Si el político no miente, es imposible creer en la democracia.

Por otra parte, yo no soy político, ni caer quisiera en las garras de la política, pues no desearía por nada del mundo que se me hiciera beber cicuta por discrepar o abrazar distintas maneras de pensar, ajenas por supuesto a la oficial del partido que fuese. La prudencia sólo me lleva a vigilaros, pues estáis obrando según vuestros sentimientos; sentimientos, valga la redundancia, que están reñidos con la razón más clara. No puedo ser antisistema porque estoy integrado en él, aunque solo físicamente. El Sistema es el Contra Sistema del Sistema. Si me llamáis anarquista o libertario o anarco-individualista, sois vos el que ponéis la etiqueta… Yo, simplemente, me considero un individuo que piensa que la libertad plena debe de ser soberana y sin Intermediarios Institucionales perversos que la administren, y, por supuesto, defiendo mi privacidad personal, laboral y ética frente al Estado que coerce, arrincona y empobrece, como así también los monopolios que son los que están pudriendo todo el Sistema falsamente llamado democrático. El individuo debe ser individualista por naturaleza, no por historia, por contraposición a las muchedumbres robotizadas, aborregadas, rebañegas que no ven más allá que la zanahoria que Papá Estado les pone delante de las narices para seguir el camino que lleva al redil de los gaznápiros. Ante todo, mi defensa del individuo frente a la social democracia que contrariamente a lo que se pregona por los políticos- lobo con esas falacias de reparto de riqueza, de derechos que no son tales, de optimismo antropológico desmesurado, de positivismo radical e infantil etc. Una persona que piense un poco y que no padezca de pereza mental, debe de indagar o buscar en las cosas más profundas, debe de darse cuenta de que nos están utilizando como un pañuelo de papel. Nos cogen limpios, níveos, cándidos. Nos usan: se suenan sus aguileñas narices manchándonos con moco neciocatócrata. Nos arrugan y nos tiran. Con el miedo a esto y a lo demás allá para conseguir la “servidumbre voluntaria” que tanto ansía el político de la democracia esclavista y tiranizante. Su democracia de opereta transformada en autocracia, sólo genera lo que estamos viendo: pasividad, descontento y poca conciencia crítica ante los abusos de políticos engreídos como usted. En este caso me gustaría soñar, desde la utopía, si sirve para engrasar los goznes de un mundo oxidado por la herrumbre de la cochambrosa democracia que sólo aporta pingues beneficios a los de su calaña, aunque esta palabra esté desvalorizada y ridicularizada ahora. En el ser humano es necesaria. Todo hombre es utópico por naturaleza. ¿Quién dijo que soñar puede ser malo? Todo hombre es soñador porque le va la vida en ello. La utopía es un concepto abstracto, una particular mirada hacia aquello que podría ser pero que no es, aunque nadie quita de que pudiera llegar a ser aún siendo un sueño como es. Común en todos los mortales, soñar es legítimo. Un vago y vaporoso estado que forma una idea creada a partir de aquello que puede ser inalcanzable pero no imposible, un sueño incumplido decorado de cierta certeza, ¿posible?, ¿no posible? Qué más da, si ese sueño puede servir de lanzadera para asirse a la vida ya de por sí bastante dura y difícil. En la antigüedad, ¿cuántas cosas de las que disponemos ahora no eran vistas como utópicas? Por lo tanto, ¿estamos preparados para superar esta democracia que discrimina a mucha gente? Rotundamente no. ¿Las causas? La principal: la imposibilidad de superarse el hombre a sí mismo. El verdadero yugo social demócrata, la autentica estupidez del cuento de la democracia, junto con la dictadura, va incluida en el paquete democrático, como os dije, en dosis especialmente administradas y soportables por un narcotizado intelecto.

El autócrata

Si fuesen otros tiempos pagaríais cara vuestra osadía. Pasaríais por antipatriota, o, lo que es peor, hubieseis cometido pecado de apostasía o herejía, u os hubiesen ajusticiado en alguna plaza pública por deseo del algún “comité popular” por llevar la contraria al poder, sea legítimo o no. Todos los políticos no son iguales; los hay mediocres, los hay mejores, en política esto es así, no dejan de ser personas igual que vos con sus miserias y sus virtudes… Quizás fallemos todos, el sistema puede que adolezca de cierta cojera social, pero…

El empírico

Cierto, por eso hablo ahora, aunque con cuidado… Ya sabéis, ojo con lo que decís, cuidado a quién apuntáis… La democracia tiene sus límites, y, sus métodos y oficios para acallar a los “herejes”, a los individualistas, a los insomnes… ¡Cuidado!, pueden cometer “democraticidio”. Otros, antes que yo, fueron degollados por reyes por decir lo que pensaban; otros fueron excomulgados o braseados por el Infame. Quizás el día que no existan reyes (verdaderos salteadores de caminos), ni emperadores (ahora los llaman presidentes), ni papas (auténticas arpías devoradoras de almas de tontos de solemnidad,) ni Estados Democráticos Caníbales, puede que llegue la tranquilidad a este mundo demasiado acostumbrado a los sobresaltos de la impostura de los poderosos. Cierta cojera decís… ja, ja, ja. Llevamos habitando un país de cojos desde siempre. No veo, no oigo, no hablo… Así nos quieren, somos la evolución mediocre del prototipo que aspiraba a superhombre, la consecuencia de una evolución enferma y patética, el homo horribilis de un sistema democrático cojo, horrible y despiadado con los débiles. Éstos son los primeros que perecerán, la historia es su peor aliado (el que quiera oír, ya sabe…).

En ese preciso momento, cuando, teoréticamente, la conversación iba alcanzando tintes verdaderamente sorprendentes, aparece en escena el “segundo de abordo” en el escalafón jerárquico. Flotando cual San José de Cupertino, prepotente, de porte majestuoso a pesar de su plúmbeo corte de cintura, urge a su señoría en voz apenas audible: “Yo no te puse en este lugar para ser un blandengue mojigato; actúa de una vez con firmeza, corta esa cabeza de inmediato… Sobresale demasiado de entre el ganado, no interesa, puede provocar la desbandada entre aquellos que hasta ahora fuman el opio (el nuestro) del alelamiento…”

Continuará…

José A. A. González

1 comentario:

Anónimo dijo...

muy bueno!
lo malo es q nos siguen dando"pan" y "circo" y es mas comodo vivir arrodillado..
un beso "gita"